Pintura de M.C. Escher

En este atardecer de mi existencia
Cuando el silencio es dulce y casi nada asombra,
Los disturbios de ansiedad que tanto me hicieron padecer
Han remitido por su propia inercia.
Ya no tirito replegada en lamentos desgarradores de miedos.
Ni me siento prisionera de las patéticas orgías de mi sinrazón.Ya no tirito replegada en lamentos desgarradores de miedos.
He soltado por fin el veneno que retorció mi vida,
He llegado a la alegría a través del dolor.
¿Podría decir que hoy encarno otro papel en la farsa de la vida?
¿Que ni el poder, ni las ofertas de la religión,
Ni el temor a un infierno me intimida?
¿Podría decir que soy derrochadora de risas, de ternura y pasión,
Y que me siento libre muy dentro de mí misma?
Sí. Ahora soy yo. Auténtica.
Con mi frente calma y canosa, y mi cuerpo a veces cansado.
Pero serena, curtida, ilustrada por la vida.
¡Oh! ¡Cuántos años temiendo llegar a la vejez!
¡Cuántos años negando ante el espejo una evidencia!
¡Qué ridícula quimera!
La madurez no es sinónimo de olivos sin voz ni de cielos apagados.
¡No, por Dios!
Es opinión, pericia, es rutilante por sí misma.
La madurez saborea los placeres a un ritmo lento,
Sin agobios, sin reyertas, sin prisas.
Se contempla el amor con el mismo deleite de una obra bien hecha.
Se intenta entender, se perdona, se ama… se desea.
Ahora contemplo la vida…
El aleteo de una mosca, el tráfico, una planta,
La cambiante coloración del mar.
Ya no pido imposible...
Ni me importa perder o ganar.
He logrado la calma.
Maite García Romero
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5 comentarios:
maite: muy bueno, pero no temas a la vejez, es más nunca llegarás. ya sabes "sólo es viejo el q tiene arrugas en el alma" y en tus escritos demuestras tener un alma viva, joven y limpia
Genial. me ha encantado.
cool blog
con ese juego de palabras y sentimientos me ha encantado la página.
Saludos, ojalá algún día pudiera escribir como usted. :)
Alejandra
Llegar a la vejez con el alma llena de ternura, es llegar a un punto sin retorno donde la sabiduría y la felicidad te acompañaran siempre, no hay que temerla, los atardeceres pueden ser gloriosos.
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