Edmund Tarbell


No tengo ambición, ni deseo. Ser poeta no es una ambición, es mi manera de estar sola. (Fernando Pessoa)

Poemas registrados en el R.T. de la Propiedad Intelectual de Andalucía

martes 31 de marzo de 2009

NOCHES DE INCIENSO Y LÁGRIMAS

















.Inmersa entre un gentío enardecido, prendido
De un ardor arraigado a esta tierra andaluza
Que imprime carácter, siento cómo se disuelven las nubes
Del tiempo ante mis ojos.
¡Qué recuerdos de la niñez! ¡Qué sensaciones perdidas!
Aquella rancia familia de porte autoritario y de moral tan estricta;
Aquella vieja mansión tan austera, tan insigne, tan fría.
Aquella educación tan sectaria, deformando mi visión sobre la vida.

¡Ya dejaste de ser niña, te has convertido en mujer!
Me anunciaron al cumplir los once años.
Cómo me sobrecogió aquel entorno en penumbra,
Aquel silencio afligido, cargado de carraspeo, de rumor,
De letanías; el chispear de los cirios, dándome la sensación
De que bajo las purpúreas telas cada santo se movía.
¡Cuán penosos fueron aquellos ejercicios espirituales “para señoritas”,
Que en edad tan temprana me obligaron hacer!

¡Jesús cargó con la cruz solamente por salvaros!
¡Ahí está! ¡Miradlo! ¡Clavado en una cruz, abandonado!
Gritaba el sacerdote enardecido.
¡Morid al mundo, hijas! ¡A las malas pasiones, al desenfreno!
Cómo era arrasado mi corazón por el fuego divino,
Como también vencida por llama destructora.
¡Oh!, cuánto temblaba mi alma, acongojada y confundida.

Dobladas las rodillas, temerosa, con las manos enlazadas
Y el corazón asfixiado en plena primavera,
Entonaba el lamento cual beso a las estrellas:
Perdón, ¡Oh Dios mío! Perdón y clemencia,
Perdón e indulgencia, perdón y piedad.
¡Con qué sensación de inmunda pecadora abandonaba
El templo! No sólo me sentía abatida, fea y sola
Sino también maldita como el mismo demonio.

Acurrucada en aquellas madrugadas, enmarcadas de palios
Doloridos, de bullicio, algazara y llanto enmudecido,
Presenciaba silenciosa el paso del Santo Sepulcro.
¡Cómo me cautivaba su misterio, su abandono sobre el catafalco!
Entonces sentía frío y tiritaba conmovida, en aquellas noches oscuras
De Viernes Santo, en las que el drama de Cristo muerto
Me calaba tan hondo en el alma.



Maite García Romero
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viernes 6 de febrero de 2009

¡QUÉ MUNDO ENLOQUECIDO!












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.Escuchad.
Ya comienza de nuevo el combate.
La locura infame que mata la muerte,
La oquedad incierta, oscura,
La perenne ceguera del hombre.

Escuchad.
Escuchad como clama esa gente.
Cómo tiemblan de frío, de miedo, de hambre
Cómo empapa la tierra esa sangre de niños.
Cómo gritan las madres.

Escuchad
Que erupción de dolor y de furia
Que en la noche infernal la polvareda abraza
Que de llantos helados de críos.
Qué reguero de agonía, de angustia,
De vidas desgarradas.

¡Qué mundo enloquecido! ¡Dios! ¡Qué mundo!

¿Por qué se abona la tierra con tanto sufrimiento?
¿Por qué esta absurda masacre?
¿Puede acaso un régimen o credo
Justificar la muerte de un solo inocente?

¡No más crímenes de guerra!
¡No a la hoguera insaciable de intereses!
Que lo primero a combatir sea la intolerancia,
Y que a través de una reflexión profunda y seria
¡Decidamos apoyar realmente la Paz!
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Maite García Romero
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domingo 20 de julio de 2008

TENED PACIENCIA, HIJOS

Óleo de eugene Carriére (La ternura)























Tened paciencia, hijos.
Cuando llegue el día en que hablando me repita;
Cuando mi memoria sólo sea un puente sobre el vacío;
Cuando mi oído se quede atrás;
Cuando confunda los tallos de rosas con las ramas de olivos.

Tened paciencia, hijos.
Cuando mis pasos torpes demoren el avance del camino;
Cuando mi rostro ausente indique que mi mente ha enmudecido.
Si me notáis asustada, temblona, silenciosa;
Si me veis buscando algo en el aire oscurecido.

Tened paciencia, hijos.
Si veis que entre la gente la soledad me abisma;
Si mi salud rebasa el embate de dolencias;
Si voy lenta al vestirme, al dibujar mis labios, mis ojos,
El borde marchitado de mis cejas.

Tened paciencia, hijos.
Cuando a veces os parezca atrevida, inoportuna o indiscreta.
Cuando quiera saltarme la mesura y gritar a los cuatro vientos:
¡Ya no me importa el tumulto de esta vida!
Estoy curtida en la batalla.
¡Libre en las nubes legendarias de mi tiempo!

Tened paciencia, hijos.
Entenderme, miradme comprensivos.
No quisiera ser nunca una carga en vuestra vida
Ni convertirme en un guiñapo triste ni en una vida mortecina.
Quisiera poder seguir cantando, riendo con el alma;
Quisiera poner luz en cada noche compacta y abatida.

Tened paciencia, hijos.
Respetad mi deseo cuando anhele un tranquilo descanso,
Sin reproches, sin angustia, sin llanto.
Que aunque en el silencio azul de mi retiro
Mis labios no alcancen a besaros y mi cerebro tardo ya no acierte,
Éste corazón mío os seguirá amando aún después de la muerte.

Maite García Romero

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jueves 31 de enero de 2008

EN EL ATARDECER DE MI EXISTENCIA

























Pintura de M.C. Escher
En este atardecer de mi existencia
Cuando el silencio es dulce y casi nada asombra,
Los disturbios de ansiedad que tanto me hicieron padecer
Han remitido por su propia inercia.
Ya no tirito replegada en lamentos desgarradores de miedos.
Ni me siento prisionera de las patéticas orgías de mi sinrazón.
He soltado por fin el veneno que retorció mi vida,
He llegado a la alegría a través del dolor.

¿Podría decir que hoy encarno otro papel en la farsa de la vida?
¿Que ni el poder, ni las ofertas de la religión,
Ni el temor a un infierno me intimida?
¿Podría decir que soy derrochadora de risas, de ternura y pasión,
Y que me siento libre muy dentro de mí misma?
Sí. Ahora soy yo. Auténtica.
Con mi frente calma y canosa, y mi cuerpo a veces cansado.
Pero serena, curtida, ilustrada por la vida.

¡Oh! ¡Cuántos años temiendo llegar a la vejez!
¡Cuántos años negando ante el espejo una evidencia!
¡Qué ridícula quimera!
La madurez no es sinónimo de olivos sin voz ni de cielos apagados.
¡No, por Dios!
Es opinión, pericia, es rutilante por sí misma.
La madurez saborea los placeres a un ritmo lento,
Sin agobios, sin reyertas, sin prisas.
Se contempla el amor con el mismo deleite de una obra bien hecha.
Se intenta entender, se perdona, se ama… se desea.

Ahora contemplo la vida…
El aleteo de una mosca, el tráfico, una planta,
La cambiante coloración del mar.
Ya no pido imposible...
Ni me importa perder o ganar.
He logrado la calma.


Maite García Romero
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sábado 26 de enero de 2008

SUEÑO O REALIDAD

Alfred Stivens-Vialattea













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Anoche me despertó el chapoteo furioso del agua
Y una tormenta que acuchillaba el cielo y devoraba la calma.
Me incorporé de inmediato quizás soñando embriagada…
Hija… ¿te ocurre algo?
Me quedé un instante atenta, esperando oír tu voz…
O tus pasos de puntilla deslizarse hasta mi cama…

Pero no; sólo el silencio que la noche acerca, respondió

Y con el ánimo triste mirando la oscuridad
Me froté un poco los ojos, bostecé.
Lo he soñado...

Murmuré, mientras me volvía a echar.

Y en esa semipenumbra de vacío que existe en la soledad
Percibí tu presencia tan cercana...
Tu rostro, tu risa, tus besos…
Que suspiré hondamente, sonriendo
Y entornando los ojos, relajada
Me volví a dormir en paz.

Maite García Romero

Octubre de 1998

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lunes 16 de julio de 2007

BÚSQUEDA Y ENCUENTRO

Warren Sheppard

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Dejadme estar en esta isla que es mi mundo interno,
Desde la cual percibo el rumor de mi volcán profundo,
Cuya lava silenciosa me arrastra en aventura
De búsqueda y encuentro.

De amor enredado en las raíces del ancestro.
De sueños incomprendidos, de agonía y lamentos.
Y aquí, sola en mi orilla,
Aislada y enlazada a mi ardiente laberinto,

No le temo a la penumbra que contemplo,
Ni a las nubes que despliegan sobre mí
el paso del silencio.
Ni al estandarte que intenta alinearme

Con la bandada de pájaros siniestros.
Uniformados de oro pero de lata sus cuerpos.
¡No quiero cruzar a esa orilla!

¡No! ¡Dejadme aquí!

Que ya oigo cantar a la vida.
Que ya intuyo en mí un nuevo nacimiento.


Maite García Romero

23/05/1991
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MAMÁ

Dibujo de Frederick Childe Hassam
Mamá...
Déjame que me siente a tu lado;
Déjame que te lea despacio
Este canto de amor y alabanza
Que anoche te escribí en mi cuarto,
Mientras iba pasando en mi mente
Los recuerdos de nuestro pasado.

Te veía madre, joven, hermosa, fuerte.
Siempre con un hijo cogido en tus brazos;
Pariéndonos a uno, a otro amamantando.
Con cara de pena a veces.
Riendo también, o cantando.
Ocultando problemas
Para que nunca nos hicieran daño.

A veces con hambre
Y de nuestras sobras siempre rebañando;
Sonreías feliz, para que no viésemos en tus ojos el llanto.

Y al quedarte viuda y sola
Supiste adelante sacarnos.
Con amor, sacrificio y trabajo.
Pero siempre la risa en tus labios.
Dándonos optimismo a todos.
¡Y qué felices crecimos a tu lado!

Al marcharnos de casa pensaste:
“Mi misión ya se ha terminado”
Sin saber que eso nunca se acaba
Que no sustituye nada
El calor y el amor de tus brazos.
Y que sólo con hablar contigo
Y poderte contar los fracasos,
Las penas o los gozos,
Eres un refugio donde hallar descanso.

Ahora ya, al final de la vida
Cuando el pelo se tiñe de blanco
Y las arrugas que surcan tu piel
Nos recuerda lo que tú has pasado,
¡Aún te encuentro más hermosa, madre!
Pues llevas en tu rostro archivado
Una vida de amor y de entrega
Que da paz a tu semblante cansado.

Yo te quiero tanto... tanto
Que con éste poema mío
Quiero alabarte por todo el amor que me has dado.
Que Dios te bendiga por siempre
Y que halles en Él la Luz y el descanso.

¡Querida mamá, todos te adoramos!

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Maite García Romero

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EL VÉRTIGO DEL SILENCIO







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!Basta! ¡No puedo más! Me ahogo...
Quiero salir de este infierno de cólera y celos
Que me arrastra por pasadizos de inmundicias
y mutila mi alma atormentada.
Quiero hallar un claustro consolante.
Quiero llegar a la patria de los muertos.

Has sesgado mi vida con la guadaña de la falacia.
Me has hundido en la miseria de los sentimientos más degradantes.
Mis últimos anhelos se desvanecen en esta realidad
Hermana de la muerte.
¿Sabes quien comparte mi cama y se revuelca con tal ardor que me provoca el llanto?
El despecho.
Sí, querido, ese es ahora mi amante.

Ese es el que me acoge en sus brazos ebrios
y besa mi garganta con fuego delirante.
El que con aliento apestado me obsequia con ridículas quimeras
Que me sirven de bálsamos.
El que muestra sin ningún pudor mi desamparo;
Mi alma descarnada, mi cuerpo que envejece.

El que después de un acto apasionado restablece mis fuerzas
Con el falso alimento de un recuerdo endulzado.
Has abusado de mi debilidad, de mi inocencia.
Tu lava envenenada desgarra el gran vacío de mi mundo
Y quema mis entrañas con la furia del veneno.
¿A causa de qué merezco esta condena?
¿Este abandono?
¿Esta deslealtad?

Creí haber hallado el germen que causaba mi razón de vivir
Y me encuentro traspapelada en el cajón de la impiedad.
¿Por qué?
Y sigo sintiéndome esclava.
Y sigo sintiéndome prisionera de mi maldito tiempo.
Las olas de mi amargura se rompen en gritos desgarradores de súplicas.
Mi vida está gastada.
La traición ha roto mi última atadura con la tierra.

¡Qué espantosa realidad!

Y sé que debería levantarme y poner rumbo a otros puertos
De amaneceres mansos en el que mis ojos cansados vuelvan a brillar.
Y que debería doblegar mi alma atormentada
Y correr en demanda de placer.
Pero, ¿cómo puedo pretender amar si estoy en el infierno?...


Maite García Romero

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RENACER

Óleo de Robert Reid





















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Ah!... Por fin termina el relato de mi infierno
Y renace mi alma roída por el llanto.

Por fin las olas del placer acallan los reproches
Y me hacen dormitar en la nube del olvido.

El sol crepuscular de mi pasado ha muerto.
Ya puedo caminar entre los sauces dorados del deseo
Mientras mi risa festiva religa con en el viento.
¡Ah!... Por fin dejo atrás un frío y largo invierno.

Me sacudo el polvo de la sumisión... ¡Soy libre!
Se acabaron mis ansiedades.
Mi soledad está siendo ahora compartida.
¡Chsss!... ¡No me llames! ¡No digas nada!
Estoy bien.

Ya no maldigo a la vida.
Ni siquiera siento ya el dolor de una traición.
He pasado la última página de un libro deplorable.
¡Déjame!


Maite García Romero.


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CUANDO TÚ SEAS MAYOR

Óleo de Frederick Childe Assam

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¡Maitita, por favor! ¿Otra vez llorando?
Pero hija si al colegio todos lo niños han de ir.
¿Para qué mamá?
Para aprender muchas cosas
en la vida hay que saber.
¿Saber...? ¿Y por qué?
¡Ay mi niña! Ven, vamos a ver...
Cuándo tú seas mayor
¿qué te gustaría ser?
¡Enfermera!
Para eso has de estudiar, mi vida.
Primero has de ir al colegio y luego a la universidad.
¿Cuándo, mamá? ¿Cuándo iré a la universidad?
Mas adelante, cariño, cuando seas más mayor.
¿Voy a ser muy importante?
Claro, hija.
¿Y tendré un coche también?
Uno grande, muy bonito, para ir al hospital.
Y cuando tú estés malita me llamas ¿vale, mamá?
Por supuesto, vida mía.
Y te daré una pastilla, yo nunca te voy a pinchar.
¡Huy qué bien!
¡Con mi niña de mi alma que cuidada voy a estar!
Y te arroparé en la cama, y...
¡Y vamos a dejar ya de hablar!
Anda, coge la cartera.
Ufff... cada día pesa más.
Pero antes de salir una sonrisa a mamá... Así.
Y ahora un besote apretado.
Adiós hija.
Adiós mamá.

Maite García Romero

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domingo 15 de julio de 2007

REÍR A LA VIDA

Joaquín Sorolla










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Quiero reír a la vida
Quiero reír y riendo
No daré paso ni entrada
A los tristes pensamientos.

Quiero reír con los niños
Quiero contagiar a los serios
Quiero que mi risa sea
Para muchos un consuelo.

Quiero reírme de mí

Y de angustias estaré exenta
No quiero ser la mejor
Sólo quiero estar contenta.

Quiero reír a las flores
Quiero reír como el viento
Quiero encontrar en la vida
Sólo su lado más bello.

Y si mi risa se apaga
Y oscuro todo lo veo
Elevaré la mirada
y podré seguir riendo.

Maite García Romero (28-II-1987)

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VIVIR, SOLAMENTE VIVIR

Óleo de Yonathan Sadowski








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Nací en la incertidumbre de un tiempo empobrecido que despierta
entre un cielo confuso y una tierra famélica.

En muy temprana hora con sigilo de sombra que se arrastra
Fui agredida por el mal que espoleó mi cuerpo
y secuestró la risa de mi infancia.

Qué cosecha de miedos, de llantos, de agonías...
¡Dios que terrible aisl
amiento!
¡Que soledad infinita!

Mi anhelo era cruzar las nubes oscuras del dolor
Y escuchar el encanto de un sonido que me invitara a jugar.
Deseaba corretear, brincar, retozar bañada por el sol
¡Deseaba con todas mis fuerzas vivir!

Cien reptiles adormecidos despiertan en mi mente adolescente
Enarbolando guirnaldas de fobias, remolinos de ansiedad.
El volcán del pánico me apresa;
Los escrúpulos me ahogan;
La obsesión mordiente me atormenta.

No hay pausa

Me aplasta la impotencia

no puedo levantarme.
Mi vida se retuerce en la desesperanza.

Necesité de años para hacer tan gran camino.
Escalé y descendí por estados de ánimos.
Retiré piedras frías por el miedo,
Arranqué malezas, raíces, espinos.
Sorteé mil obstáculos del pensamiento.

Y seguí andando...

Seguí esgrimiendo mi espada,
Seguí tremolando mi empeño
En los más difíciles nudos de combates.

Y así me deslicé en silencio por un camino franco,
Serena, curtida, sin temer ser herida...
La tristeza se rindió por fin al optimismo...
La obsesión se diluyó al alba...
Los disturbios fueron barridos por el aire manso.

Y empecé a envolverme en sedas de alegría.
A maquillarme con el conocimiento de ser madre...
Admiré los cielos deslumbrantes sin nubes de tristeza.
Y en la quietud del otoño, un día escuché mi risa.
Y otro día escuché mi voz
Que desde el principio había sido llanto.

Maite García Romero

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